La presencia de lo invisible “El elogio de la sombra”

Tanizaki, Jun’ichirō. “El elogio de la sombra”. Madrid: Siruela, 2015. Iª Edición Cartoné

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EL ELOGIO DE LA SOMBRA

Armonía, serenidad, refinamiento, silencio, palabras que logran evocar la imposibilidad de disociación entre pensamiento, arte y literatura de la cultura oriental. Para Occidente y su obsesión por categorizar las áreas de conocimiento humano, una cultura que basa su experiencia estética en la unión de todos estos saberes, supuso un verdadero descubrimiento para muchos artistas que se dejaron fascinar por Oriente.

Un viaje de ida, pero también de retorno. La literatura del escritor japonés Jun’ichirō Tanizaki (1886-1965, Tokio) es un buen ejemplo de la lucha entre rebeldía e identidad vivida a finales de la era Meiji. Un autor que alternaba su gusto por los clásicos de la literatura japonesa con obras de Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire u Oscar Wilde, era consciente de la imagen que proyectaba su cultura en el exterior, pero Tanizaki es más que un escritor japonés que mira a Occidente por encima del hombro. El elogio de la sombra traza un diálogo entre dos caras de una misma moneda, una reflexión sobre las comodidades del mundo moderno, y el sacrificio de la belleza cotidiana en aras del progreso.

Para Tanizaki los placeres inmediatos empañan la percepción artística de un mundo de sombras, recovecos y penumbras cuya máxima expresión es el término japonés mono-no-aware. Un lugar efímero y frágil en donde el jade, la laca y la mujer eran las verdaderas joyas de lo intangible. Fascinación y empatía. De esta manera, se explica que este breve ensayo se haya convertido en uno de los más leídos en Occidente desde su publicación en 1933.

Más de 30 ediciones desde 1994 en esta editorial ponen de manifiesto que el interés por el pensamiento estético oriental, sigue despertando nuestra curiosidad gracias a este clásico tan actual.

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3 comentarios en “La presencia de lo invisible “El elogio de la sombra”

  1. Sin duda alguna, Junichiro Tanizaki enaltece las virtudes de la cultura Oriental frente al “materialismo” del Occidente más simplista. Tanto la sabiduría como la intensidad de cada momento, se propagan a través de aquello que la cultura china presenta como “insípidez”, colocarse uno mismo en el punto intermedio entre lo claro u oscuro. La neutralidad es, a fin de cuentas, el camino hacia el Tao, y el jade como material (al cual se alude en este artículo), es un vehículo de conexión en este punto de partida.

    Sugiero que, a colación de esta breve entrada, nuestra bloguera se anime a tratar la temática vinculada a la Ceremonia del Té, anclada en la célebre obra de Kakuzo Okakura “El Libro del Té”, editado bajo colaboración de la editorial Siruela.

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    1. Muchísimas gracias, Laura, por tu interesante comentario. La filosofía oriental, como el Tao, deja ver esa ambivalencia entre lo bueno y lo malo, lo oscuro y la luz, porque en todo existen matices que se reflejan perfectamente en su estética y es precisamente ese aspecto del arte oriental lo que nos ha fascinando a todos los que estamos “al otro lado”,

      Tomo nota de tu recomendación. ¡Espero que nos sigamos leyendo! Un saludo.

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