Entre la Historia y la leyenda “Cleopatra y la fascinación de Egipto”

Cleopatra es una de las figuras históricas más fascinantes de la humanidad, y además, una de las mujeres más representadas en las artes. Si existe una mujer gobernante que ha triunfado sobre la Historia esa es Cleopatra. En su tiempo fue denostada y admirada tanto por las fuentes clásicas como por las modernas. Cleopatra, la última reina de Egipto, no sólo sedujo a Julio César o Marco Antonio, también a Shakespeare o Häendel, por no hablar en época contemporánea de Joseph L. Mankiewicz y su conocidísima película protagonizada por la inmortal Elizabeth Taylor tomando el relevo de la “Cleopatra” de Cecil B. DeMille.

Hector Berlioz, John William Waterhouse, Camille Saint-Saëns, Georges Méliès y hasta Astérix y Obélix– la lista es larga-, todos ellos se han rendido a los pies de la última de los Ptolomeo que desde el pasado 3 de diciembre hasta el 8 de mayo se pasea por el Centro de Exposiciones Arte Canal.

¿De dónde surge esa fascinación por su figura? ¿Es por ser la última de una gran dinastía? ¿La última gobernante del poderoso Egipto subyugado por interminables luchas internas y por la poderosa Roma? ¿Por ser la encarnación de la mujer fatal…?

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“Faraónica” es la mejor palabra para definir el espacio expositivo del centro de Arte Canal y no sólo por el contenido de su actual muestra. Sus exposiciones monográficas sobre figuras representativas de la historia -como la anterior exposición de “Hernán Cortés“-, pueden dejarnos exhaustos si vamos con la intención de detenernos en cada una de su áreas. En total, son siete ámbitos que independientemente podrían guardar una pequeña exposición dentro de su amplio discurso. Evidentemente, el ánimo al enfrentarse a este tipo de exposiciones es diferente a cualquier otra de contenido más específico.

Cleopatra y la fascinación de Egipto” es una exposición de altos vuelos que busca atraer a una amplia variedad de público. Se encuentra comisariada por los profesores Giovanni Gentili y Martín Almagro-Gorbea con más de 400 piezas arqueológicas de 80 museos y colecciones procedentes de todos los rincones del mundo, audiovisuales, escenografías, muebles, mapas, dibujos, monedas, joyas, esculturas y pinturas que buscan que el visitante se vaya del recinto con una revisión crítica actualizada del tiempo de Cleopatra y su mito posterior.

En la entrada el gato- animal sagrado por antonomasia de los egipcios y encarnación de la diosa Bastet-, nos da la bienvenida. Este animal además era el favorito de esta reina. Una vez dentro nos encontramos en el Egipto de hace 3000 años. Es el inicio del ámbito 1: Egipto, Tierra del Nilo. El audiovisual de esta primera sección nos introduce en la época ptolemaica iniciada en la fortaleza de Pelusium tras rendirse en el año 332 a. C. a Alejandro Magno, permitiéndole entrar con su ejército en Heliopolis y Menfis. Desde Menfis, Alejandro partió al lejano oasis de Siwa en cuyo templo consultaría el Oráculo dedicado al dios Amón o Zeus- Amón. Su sacerdote principal le saludó a su llegada en lengua griega: o pai diós (“oh, hijo de Dios”), cuando en realidad quería decir: o paidíon (es decir, “oh, hijo”). Alejandro Magno se tomó al pie de la letra este epíteto y a partir de entonces se nombró así mismo como hijo de Amón, y por tanto, hijo de Zeus. Su nombre de entronización sería Setepenra- Meriamón apareciendo posteriormente en relieves tanto en Luxor como en Karnak.

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La reconstrucción del templo de Dendera según la “Descripción del’Egypte” 1808- 1829 de la expedición francesa napoleónica, marca el inicio para el visitante al país del Nilo lugar donde se desarrolló esta alta cultura hace 5000 años en escenas nilóticas, con las que Alejando Magno se encontró y que ya se conocía, pues Egipto permaneció abierto al comercio mediterráneo y asiático desde sus inicios. Pero la realidad distaba mucho de ser onírica. Tras la muerte de Alejandro en Babilonia en el año 321 a. C. la situación en Egipto era delicada. Se sucederán dos reyes, Filipo III, medio hermano de Alejandro Magno, desde 323 al 316 a.C. y Alejandro IV hijo póstumo de Alejandro Magno y Roxana, reconocido tras la ejecución del primero en el año 316.

Un triunvirato se encargó del gobierno real en Egipto. Más de uno acabó con la cabeza fuera de su sitio hasta tal punto que en el año 309 no quedaba ya ningún descendiente directo de Alejandro Magno.

Esta ocasión fue aprovechada por el sátrapa Ptolomeo Lagos haciendo coincidir la fecha de su coronación con la muerte de Alejandro en el año 305- 306 a.C. Será conocido como Ptolomeo I Soter habiendo urdido el plan por el cual el cuerpo del faraón y rey macedonio fue interceptado y llevado a Menfis legitimando así su posición.

De esta manera entramos en el segundo ámbito de la exposición: Los Ptolomeos, reyes de Egipto de la mano de Ptolomeo I, iniciador de una dinastía helenística imbuida de la cultura ancestral egipcia y cuya joya de la corona fue su capital: Alejandría. Su grandeza se muestra perfectamente en la planimetría de la ciudad, sus famosos vidrios alejandrinos y monumentos emblemáticos que podemos recrear a través de sus monedas. Según cuenta Estrabón en su Geografía:

“La ciudad tiene los más bellos recintos y palacios públicos, que ocupan entre un cuarto y un tercio de su extensión total. Pues, como cada rey, por amor al esplendor, solía añadir algún tipo de adorno a los monumentos públicos, del mismo modo invertía a su costa en una residencia, además de las que ya existían, de modo que ahora, por citar al poeta [Homero] ‘hay edificio tras edificio’. Todos, sin embargo, están conectados, tanto unos con otros como con el puerto, incluso los que se encuentran fuera del puerto”.

Y es que la famosa Biblioteca y el Faro de Alejandría fueron iniciados durante el gobierno de este primer Ptolomeo, siendo pronto la ciudad más importante de su tiempo tanto por el comercio de sus puertos como por sus sabios. Las efigies del resto de los Ptolomeo dejan ver la huella helenística en el rostro de sus descendientes con peinados y ropas egipcias. Un arte híbrido de sumo refinamiento y marcada decadencia. Tras su muerte, Ptolomeo II extendió su territorio fundando nuevas ciudades. Es precisamente durante su reinado cuando se establecen las relaciones con el gran rey Asoka de la Dinastía Maurya en el subcontinente Indio. Posteriormente, Ptolomeo III Evergetes tomará la Babilonia de la dinastía Seleúcida. De esta manera podemos hacernos una idea del sincretismo artístico que impregnó la creación egipcia, manifiesta no sólo en objetos de ámbito doméstico sino también en el pensamiento y obras de carácter religioso oficial y popular que podemos ver en este espacio expositivo.

Las principales divinidades del panteón egipcio y el culto a los antepasados se mantuvieron precisamente para dar legitimidad a unos soberanos extranjeros. Figurillas de Bastet, Ptah, Imhotep, Thot, Bas o Isis lactante desde el III Periodo Intermedio a la Baja Época nos miran desde sus vitrinas desafiando a nuestro tiempo. También Serapis y Horus cuyas imágenes se llevaron a templos de Roma y Grecia para ser adorados en cultos sincréticos como Sobek- Horus en el caso de éste último. Le sigue una colorida recreación de nuestro monumento egipcio más conocido, el templo de Debod, probablemente erigido bajo reinado de Ptolomeo IV Filópator- con adiciones romanas-, y como todos sabemos actualmente situado en la capital madrileña.

Será a partir de este faraón cuando comience la decadencia de la dinastía helena en Egipto: rebeliones, luchas fratricidas por el poder como en el caso de Cleopatra II y Ptolomeo VIII. Este último sería expulsado de Egipto llegando a Roma con una embajada en el año 161 a. C. siendo declarado por el Senado como amicus et socius de Roma. Según el Testamento de Evergetes, Ptolomeo VIII legaría a Roma sus posesiones y su reino en caso de morir sin descendencia legítima. Un precedente de lo que ocurrió posteriormente con el reino de Pérgamo de Attalos III.

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La esperanza de vida de los numerosos Ptolomeos y Cleopatras era breve, y solía acabar de forma trágica. Es un capítulo de la historia de Egipto que ni el propio George R. R. Martin hubiera imaginado. Si las relaciones familiares en ocasiones pueden ser tensas,en el caso de los Ptolomeo, eran mortales. Para solventar esta situación, Ptolomeo X también legó sus posesiones a los romanos con las mismas condiciones que Ptolomeo VIII. En su caso, en la batalla de Chipre murió sin descendencia legítima.

Entre tanto, Ptolomeo XII, hijo de Ptolomeo IX, será coronado por los alejandrinos en el 80 a.C. Se casará entonces con su hermana Cleopatra VI y en el año 69- 70 aproximadamente nacerá nuestra Cleopatra VII.

Dentro de este clima de inestabilidad generalizado llegamos al tercer ámbito de nuestro recorrido: La última reina de Egipto. Esta época final de Ptolomeo XII y Cleopatra VII alcanzó una extensión similar a la época dorada de los primeros Ptolomeo, pero la sombra de anexión romana sobrevolaba bajo en el país del Nilo. Ptolomeo XII pagó sobornos al Senado buscando el apoyo de Pompeyo, y finalmente, de César para ser reconocido como legitimo soberano de Egipto en el 59- 58 a.C.

Siendo ahora real su gobierno sobre Egipto, tomará como esposa a su hija Cleopatra VII. A su muerte Cleopatra se hará con el poder de Egipto casándose con su hermano menor, Ptolomeo XIII.

Habiendo sido exiliada en Siria, el joven Ptolomeo XIII, recibió a Pompeyo en el marco de la mítica batalla de Farsalia en el fuerte de Pelusium, siendo inmediatamente decapitado. Cuando César llegó finalmente a Alejandría, recibió el sello de Pompeyo y también su cabeza. Viendo el panorama, César decidió reconciliar a ambos hermanos. Es entonces cuando Cleopatra se las ingenia ocultándose en una alfombra para no ser descubierta por los aliados de su hermano y así poder persuadir a César de sus intereses comunes. La guerra se iniciaría finalmente entre ambos hermanos entre el 49 y el 47 a. C.

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Llegados a este punto, los bustos de los grandes de la época observan la descripción que de esta reina hizo Plutarco en sus Vidas paralelas: “Se dice que su belleza no era tal que deslumbrase o dejase fascinados a quienes la veían, pero su trato tenía un atractivo irresistible y su figura, favorecida por la gracia de su palabra y su conversación, impresionaba profundamente a quienes la oían“.

Con el apoyo de Mitríades de Pérgamo, César salió victorioso en el año 47 a. C. siendo el verdadero poseedor de los designios de Egipto. Una vez muerto Ptolomeo XIII, César dio el gobierno a Cleopatra VII quien se casaría con su otro hermano Ptolomeo XIV, un títere de la política romana.

Cuando César marcha finalmente de Egipto, Cleopatra ya está embarazada del futuro Ptolomeo XV, conocido como Cesarión. Cleopatra buscó el reconocimiento en Roma de Cesarión como hijo suyo y de Julio César. Tras su asesinato el 14 de marzo del 44 a.C., Cleopatra abandona inmediatamente Roma. Al llegar a Egipto asesinó a Ptolomeo XIV para garantizar el trono a su hijo Ptolomeo XV.

Una vez hubo muerto Julio César, produciéndose estos acontecimientos en Egipto, Cleopatra VII realizó un viaje hacia Tarsus en el año 41 a.C. para visitar a Marco Antonio, que era uno de los generales que estaba luchando durante la Guerra Civil después de su victoria en la batalla de Filipos. En esta entrevista ambos se enamoraron perdidamente- o eso dicen las fuentes-. Marco Antonio, evidentemente, a petición de Cleopatra y como prueba cruenta de su amor, ejecutó a Arsinoe IV. De esta manera, no quedaba ya ningún miembro entre los hijos legítimos e ilegítimos de Ptolomeo XII, salvo Cleopatra VII y su propia descendencia.

En el año 34 a.C. ya habían nacido los tres hijos de Cleopatra VII y Marco Antonio: los gemelos Alexander HeliosCleopatra Selene, y el tercer hijo,  Ptolomeo Filadelfo. En este año 34 a.C., después de la toma de Armenia y la captura de su rey Artabastes, Marco Antonio celebró su triunfo en Alejandría como un auténtico dios despertando todo tipo de recelos en Roma.

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Batalla de Actium en los relieves Medinaceli. Siglo I d.C. Córdoba. Colección de la Duquesa de Cardona

El cuartel general de Marco Antonio se irá desplazando con el objetivo de derrotar a Octaviano, el futuro Augusto. Marco Antonio había reunido 19 legiones y 800 naves, de las cuales 200 eran egipcias. Además, Cleopatra había sufragado parcialmente los altísimos costes de esta campaña. El 2 de septiembre del año 31 a.C. se produjo la Batalla de Actium entre las fuerzas de Octaviano y las de Marco Antonio-Cleopatra, siendo derrotados éstos últimos.

Esta batalla se había convertido en una auténtica guerra entre Roma y Egipto. Octaviano describió a Cleopatra como enemiga mortal de Roma y como consecuencia los partidarios de Marco Antonio, entre ellos 300 o 400 senadores, habían tenido que huir para crear un nuevo Senado junto a Marco Antonio durante su estancia en Éfeso. Además Octaviano, había conseguido el testamento del militar romano y lo había leído en el Senado; quería ser enterrado junto a Cleopatra y nombrar a Cesarión como hijo de César. Los romanos veían sus intereses perjudicados pues Marco Antonio buscaba convertir a Alejandría en la gran capital imperial en detrimento de Roma. Por todo ello, Octaviano encontró notables apoyos en su lucha contra Marco Antonio. Tras la derrota, Cleopatra va a huir hacia Alejandría, mientras que su amado huiría hacia la región Cirenaica. Los distintos reinos orientales se unirán rápidamente al bando de Augusto, quienes destruyeron la flota que Cleopatra había preparado en el Mar Rojo para escapar con ella hacia Arabia o la India

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“Cleopatra” (1888) John William Watherhouse  Colección privada

El hecho es que el 1 de agosto del año 30 a.C. Octaviano entró en Alejandría y a partir de ese momento Egipto pasa a formar parte de sus territorios. Marco Antonio, creyendo que Cleopatra había muerto, e incapaz de plantarle cara a Augusto, acabará con su vida.

Augusto llevará entonces a Cleopatra hacia el Palacio de Alejandría donde ella quedará recluida. La intención de Octaviano era llevar a Cleopatra a Roma para exhibirla en su desfile triunfal como un gran trofeo de guerra. Ella, aparentando querer salvar su vida, y a pesar de estar vigilada, se suicidó para no ser exhibida. Hay varias versiones de cómo lo hizo. La más conocida, con el veneno de un áspid egipcio. Una serpiente que podemos ver conservada en esta sala.

Suetonio nos dice que Octaviano permitió que tanto Marco Antonio como Cleopatra reposaran en una sepultura común, de hecho, ordenó que se concluyese la tumba que ellos mismos habían comenzado. Actualmente no se sabe dónde se encuentra, a pesar de que a principios de este año la arqueóloga dominicana Martínez señalaba el yacimiento de Taposiris Magna como su lugar de descanso eterno.

A pesar de todo el triunfo se celebró en Roma en el año 29 a.C. con unos fastos espectaculares, como nos narra Dio:

“En el segundo día de celebraciones fue conmemorada la victoria naval de Actium, y en el tercero la toma de Egipto. Todas las procesiones fueron notables, gracias a los botines de Egipto (…), pero la conmemoración egipcia sobrepasó a todas en coste y magnificencia. Entre otras cosas fue llevada una figura de Cleopatra muerta en un lecho, de modo que ella fuera llevada así con los otros cautivos y sus hijos, Alexander, también llamado Helios, y Cleopatra, también llamada Selene, como parte del espectáculo y un trofeo en la procesión. Después de ellos venía César, cabalgando detrás de todos ellos.” 

De Alexander Helios y de Ptolomeo no sabemos cuál fue su destino. Cleopatra Selene fue desposada con Juba II de Mauritania hacia el año 20 a.C. En esa época la capital de Mauritania, Caesarea, fue convertida en una pequeña Alejandría con una importante biblioteca. El hijo de Juba II y Cleopatra Selene, llamado Ptolomeo de Mauritania, llegaría a ser rey a a la muerte de su padre hasta que en el año 40 d.C. fuera ejecutado por orden del emperador Calígula. Con Ptolomeo de Mauritania finalizaría la dinastía Ptolemaica.

En el ámbito cuarto Egipto es ya una provincia romana a partir del año 31 a. C. Los emperadores romanos se presentaran como auténticos faraones en sus retratos. Motivos egipticiantes en diversos puteales con temas nilóticos, columnas y antefijas, además de escenas de corte o de recreo en frescos pompeyanos. Como ocurrió antes con Grecia, el arte egipcio dejó también fascinados a los romanos. Su riqueza podemos verla en las suntuosas joyas y adornos personales de inspiración egipcia de la exposición, siendo la producción alejandrina muy apreciada en su época.

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“Cleopatra” Girolamo Masini (2ª mitad del XIX) Galería del arte moderno. Roma.

Ya en el ámbito 5 Cleopatra es el tema principal de los artistas plásticos desde el siglo XVI hasta nuestros días según los cánones predominantes en cada época y el estilo personal de pintores y escultores como Rizzoli, Calvaert, la escuela de Guido Reni, Luca di Reggio, Maratti, Mussni, Waterhouse o Khnoff.

El vestuario y los decorados de las representaciones teatrales, de las óperas y películas anteriormente mencionadas, cierran este ciclo en su sexto ámbito dedicado a las artes escénicas. Si bien es verdad que continúa en la parte superior en el ámbito 7 con La fascinación de Egipto en España, a modo de epílogo.

Al igual que Cleopatra llegamos al final de nuestro itinerario con el boato helenístico de las grandes producciones del pasado siglo en los estudios hollywoodienses. Esas películas de romanos que junto a Ben-Hur o Espartaco nos hemos tragado más de una vez durante alguna somnolienta tarde de Semana Santa, y que los hermanos Coen en su nueva comedia “¡Ave, César!” satirizan. Sólo hay que ver esa faraónica entrada de la Cleopatra de Elizabeth Taylor para que nos hagamos una idea de la fascinación de ahora y de siempre que ha suscitado el Egipto de la época ptolemaica encarnada en una mujer que como sus antepasados tuvo que luchar por preservar un mundo ancestral que tocaba irremediablemente a su agónico final.

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