Kowloon o la experiencia inmersiva de LRM Performance (Locus)

Invitacion Kowloon LRM web

Cuando las luces se apagan, la oscuridad nos inunda, nuestros sentidos se agudizan: una sensación indescriptible nos rodea y acecha desde las sombras. No sabemos donde estamos ni a dónde vamos. De repente, una luz contrae nuestras pupilas, nos proyecta hacia un intenso resplandor, imponderable, que envuelve un espacio ilusorio, lleno de luces y sonidos. Es Kowloon (2015). El último trabajo del colectivo LRM Performance (Locus).

Kowloon es todo y nada a la vez. Una puesta en escena turbadora, mágica, arrolladora, donde la armonía de las partes se hace tangible a ojos del espectador gracias a los movimientos, estatismos y silencios de sus integrantes junto a un aparato técnico impecable, que actúa de catalizador de las pulsiones más primarias del ser humano. En Kowloon hay algo de estado primigenio, de crisálida o anfibio, de estado en transición hacia otro algo, que huye de lo anecdótico, y conecta con múltiples ideas subyacentes. Esa idea, esos retazos de experiencias físicas e eidéticas, como fotogramas de una película o recuerdos prefigurados, conforman un entramado, una colmena de seres invertebrados y de formas indefinibles, que escapan a toda lógica y a toda categorización.

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En Kowloon la idea de lo oculto, del ensamblaje de imágenes y materiales, constituyen la esencia del proceso creativo de este colectivo formado por los performers David Aladro-Vico, compositor y Berta Delgado, artista visual, junto a la intérprete de movimiento colaboradora en la pieza, Chen Zhihan: una obra multidisciplinar que huye de la tendencia en la performance tradicional y actual del espacio minimalista y del cuerpo en estado de desnudez. Aquí, el espacio es un laberinto donde los tres interpretes pueden perderse, metamorfosearse, convertirse en cientos, en uno o en ninguno. Se trata de un espacio que crea nuevas percepciones con pantallas y mecanismos, y que revela a través del disfraz, una verdad prístina, a la que solo podemos acceder a través del arte.

La idea de organismo indefinible, celular y mecánico al mismo tiempo, también está presente en ese espacio asfixiante dentro del estudio y de la mente del espectador; una experiencia inmersiva de 56 minutos de duración y 22 escenas, que hace referencia a la ciudad amurallada de Kowloon (Hong Kong), derribada en 1994. 

Esta fortaleza creada en el siglo XVII con el tiempo se convertiría en un enclave chino dentro del territorio británico. Su estructura comenzó a crecer después de la Segunda Guerra Mundial, un laberinto de construcciones, una encima de otra, densamente poblado, una maraña de conducciones, cables y tuberías; un amasijo de formas en donde la luz del sol apenas penetraba. Este fenómeno fue documentado en libros y películas, cuyas imágenes permanecen en la memoria a través de diversas manifestaciones culturales como el cine de Hong Kong, tomando como punto de partida la ópera tradicional china, y desde los años 80, su aproximación al mercado cinematográfico de Hollywood y el auge del cine de autor con directores de culto como Wong Kar-Wai o Fruit Chan.

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Pero, sobre todo, es esa atmósfera espiritual de Kowloon, a través de lo artificial de luces y sonidos, tomados y alterados de la propia naturaleza, lo que nos impresiona y nos pone en contacto con el pensamiento oriental, no solo de Hong Kong, sino de diversas fuentes y lugares. Así el cine de animación del creador de Paprika, Satoshi Kon o los fundamentos de la filosofía taoísta del maestro Lao Tse, parecen estar presentes en Kowloon; una performance que no deja de lado lo popular, lo actual ni lo tradicional, tan característico en la cultura asiática.

En ese maremágnum de movimientos refinados, frenéticos, luces y sonidos sin fin, uno parece contemplar también el inicio de la misma civilización, siendo participe del momento en el cual Prometeo robó el fuego a los dioses para entregar su don a los mortales. Con esta acción, su protagonista fue castigado a permanecer encadenado, en un ciclo de tortura y regeneración eterno, que no podemos obviar en esta experiencia caótica y mística de LRM Performance (Locus), dejando claro que sus influencias no vienen solo de la península de Kowloon, ni de Asia, sino del ser humano y sus emociones.

Según cuenta el colectivo LRM Performance (Locus):

“Nuestro trabajo busca emociones sin intermediarios, por lo tanto evita expresamente la narración mediante la inclusión de la mayor cantidad posible de influencias, cuidadosamente ensambladas para generar emociones en lugar de un hilo conductor o concepto”.

De esta manera, la “Anarquitectura” de Gordon Matta-Clark o el depósito nuclear de Onkalo al norte de Finlandia, son solo algunas de las imágenes que conforman el universo de Kowloon. Mezcla de azar o destino, el estudio de LRM Performance (Locus) se encuentra en Usera, el barrio con mayor densidad de población china originaria de la provincia de Cantón de todo Madrid, junto a diversas nacionalidades del resto del mundo.  

Viajando entre las fronteras físicas del mapa político actual, nos damos cuenta que todo es posible dentro de la mente humana; Kowloon es prueba de ello. Toda interpretación es libre, y todo trabajo creativo, aspira a dar alas a la imaginación de todo espectador; algo que LRM Performance (Locus), no solo consigue sino que supera, remitiéndonos a un estado puro y caótico por medio de la experiencia inmersiva de su arduo y maravilloso trabajo.

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